IntelVet con la Med. Vet. Marcela Uhart, especialista en animales marinos: “Los animales silvestres son mensajeros de lo que estamos haciendo con el medio ambiente”

Entrevista exclusiva con la médica veterinaria de la Universidad de California, Davis (EEUU), sobre su trabajo ligado a la conservación de fauna.

En 1991, se produjo un gran derrame de petróleo en el sur de Argentina que afectó 17 mil pingüinos que habitaban en “Punta Tombo” la colonia más grande de esa especie ubicada en la provincia de Chubut. Para ese entonces, Marcela Uhart se encontraba estudiando el tercer año de medicina veterinaria en la Universidad Nacional del Centro, en Tandil, cuando aceptó la convocatoria del profesor Roberto Najle para viajar a la provincia de Chubut a colaborar con la coyuntura.

“Participar de esa experiencia fue un sueño hecho realidad. Se trató de mi primera aventura concreta y allí comprobé que mi vocación estaba vinculada a los animales silvestres de vida libre. Mi primera pregunta fue ¿cómo hago para volver?”, recuerda hoy la propia Marcela, en una entrevista exclusiva con IntelVet, donde repasa su extensa carrera que incluye investigación en sanidad de animales silvestres, manejo y conservación de fauna, monitoreo de zoonosis emergentes de origen en fauna silvestre, manipulación de vida silvestre de vida libre, bienestar animal, interacción y conflictos en la interface animales silvestres – domésticos – personas, ecotoxicología y asesoramiento a entidades gubernamentales y organismos multilaterales (OIE, FAO), entre otros.

Marcela Uhart es médica veterinaria de la Universidad de California, Davis (EEUU), donde dirige el programa Latinoamericano en el Karen C. Drayer Willdlife Health Center de la Facultad de Ciencias Veterinarias desde 2013; integra el Comité Científico Técnico del Programa de Conservación Comunitaria del Territorio de la Facultad de Ciencias Veterinarias, UNICEN en Argentina; es miembro del Grupo de Trabajo de Fauna Silvestre de la OIE, miembro del Comité de Expertos en Varamientos de cetáceos de la Comisión Ballenera Internacional y coordinadora del Grupo de Especialistas en Salud de Fauna Silvestre de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) para Sudamérica. Fue fundadora de la Sección Latinoamericana de Wildlife Disease Association y Presidenta de la Asociación. Entre 2010 y 2015 fue coordinadora para la Amazonía del Proyecto PREDICT del Programa de Patógenos Pandémicos Emergentes, de la Agencia para el Desarrollo de EEUU (USAID).

Continuando el relato sobre su primera experiencia en Punta Tombo, Uhart expresó que “luego de la corta visita con el profesor regresé a Tandil y ni bien terminé las cursadas volví a Tombo como voluntaria hasta que los pingüinos emigraron. Y en los años posteriores continué regresando como voluntaria. Cursaba la carrera, rendía los parciales en noviembre y dejaba los finales para febrero o marzo, lo que me permitía continuar con esas experiencias donde conocí a las personas que después me abrieron puertas para meterme en este mundo”.

Además, añadió que “era la única potencial veterinaria porque el resto eran biólogos, entonces todos veían interesante que me sume y eso también me abrió muchas oportunidades”.

“Comencé a colaborar con Wildlife Conservation Society, una ONG de Estados Unidos que tiene una sucursal en Argentina, en un programa de veterinarios especializados en fauna silvestre (el Field Veterinary Program). Empecé a trabajar con ellos todos los veranos, en Argentina, Chile, Bolivia, Perú. Necesitaban gente así que empecé a ayudar con la logística, resolver cosas, participar de proyectos y aprender. Fue un trabajo duro, ad honorem, de sol a sol, con mucha predisposición para escuchar y aprender”, agregó.

INVESTIGACIÓN, BIENESTAR Y CREATIVIDAD
Luego de recibirse, en el año 1995, y hasta la actualidad, su carrera continua ligada a los animales silvestres de vida libre. “Mucho de lo que hago tiene que ver con investigación, donde proactivamente estudiamos temas sanitarios que representan problemas para la conservación de determinada especie. Por ejemplo, actualmente estamos trabajando con la contaminación por plástico en el mar, que afecta a aves y mamíferos marinos”, comentó Uhart.

Por otro lado, mencionó que “en otros casos respondemos a brotes de enfermedades, por ejemplo, hace unos años hubo un brote de viruela aviar en pingüinos. En esos casos, llegamos sin saber cuál es el problema y hacemos la investigación para lograr un diagnóstico”.

La veterinaria tiene experiencia trabajando con elefantes marinos, lobos marinos de un pelo, entre otros. “Con estos animales, como veterinaria, me ocupo de los trabajos de anestesia para que los investigadores puedan ponerles transmisores satelitales y estudiarlos. Mi rol es inmovilizar con seguridad a los animales, para protegerlos a ellos y a los investigadores, asegurando las buenas prácticas de bienestar y bioética”.

También su trabajo se extiende a aves marinas como pingüinos y albatros, entre otros. “En muchos casos el trabajo nuestro fue desarrollar protocolos de acción porque, en varias oportunidades, nos encontramos con que no existen para determinada especie o para una determinada problemática o, también, nos enfrentamos a desafíos debido a la imposibilidad de tomar las muestras necesarias, complicaciones por el tamaño de los animales o que el lugar donde viven es de difícil acceso. Todos estos casos requieren adaptaciones al trabajo que tenemos que pensar y llevar adelante por lo que hay una gran parte de creatividad en el abordaje de ciertas especies”.

BALLENA FRANCA AUSTRAL
Marcela Uhart lleva 17 años de trabajo con la ballena franca austral, una especie propia de hemisferio Sur, de las cuales un tercio de la población utiliza las bahías protegidas de la Península Valdés, en Argentina, como hábitat de apareamiento y parición entre los meses de mayo y diciembre.

Al respecto, explicó que “con las ballenas vivas estamos desarrollando protocolos no invasivos. Por ejemplo, se pueden tomar biopsias con dardos lanzados con ballestas pero nosotros utilizamos drones, que llevan una placa de petri, a los cuales posicionamos por encima del espiráculo para tomar muestras y, luego, hacer estudios de microbioma o de hormonas. Además, gracias a estas imágenes, vemos muchas más ballenas con heridas, con marcas de enmalles en redes, con ingesta de desechos plásticos, entre otras problemáticas”.

“También trabajamos con las ballenas que mueren y varan en las playas. Allí el desafío tiene que ver con el tamaño mismo de una ballena, por ejemplo, días atrás estuve en una necropsia de una cría de ballena de siete metros, con varios miles de kilos, lo que representó más de cinco horas de trabajo hasta que nos vemos obligados a irnos por la marea”, agregó Uhart.

Además, manifestó que “estamos por empezar la sexta temporada de seguimiento satelital de ballenas francas. En ese trabajo les colocamos dispositivos que nos permiten seguirlas en sus migraciones durante el resto del año. Gracias a este trabajo empezamos a conocer los lugares que visitan las ballenas para alimentarse y que, por lo tanto, son cruciales para su conservación. También conocemos las áreas que utilizan para desplazarse y en las cuales podrían estar expuestas a riesgos como colisiones con embarcaciones, enmalles con redes de pesca, exploración y explotación de hidrocarburos offshore, etc”.

Sobre las primeras conclusiones que se pueden tomar luego de estos seguimientos, Marcela mencionó que “recién estamos descubriendo qué hacen desde que se van de Argentina. Algunos se fueron para Uruguay, otros para las Islas Georgias del Sur, casi hasta la península antártica. Hacen cosas diversas por lo que hay que continuar los estudios para encontrar un patrón ya que estamos continuamente planteando hipótesis y viendo cuáles se sostienen”.

Sobre la salud y biología de estos mamíferos, la veterinaria dijo que “aún falta mucho por descubrir. Por ejemplo, nadie sabe cuánto vive una ballena franca austral, porque los estudios más largos son de 50 años atrás y todavía hay ballenas que eran adultas reproductivas de ese momento que se siguen viendo y, actualmente, ya cuentan con hasta cinco generaciones posteriores”.

CONSERVACIÓN DE ESPECIES
Consultada sobre qué es lo que le apasiona sobre su trabajo, Marcela destacó que “lo más importante es lo que puedo hacer por la conservación de las especies. Todo lo que investigamos y descubrimos, tiende a encontrar soluciones para las amenazas que tienen las especies. Usar a los animales como mensajeros de lo que estamos haciendo con el medio ambiente y de cómo somos responsables de eso y cómo lo tenemos que cambiar, es lo que más me motiva y es lo que quiero lograr”.

Al mismo tiempo, remarcó que “yo amo mi trabajo pero es muy sacrificado, no es un trabajo fácil, ni limpio, requiere esfuerzo físico, trabajamos en condiciones muy adversas y no es para todos. Por ejemplo, ahora tenemos que salir al mar y hay pronóstico de viento Norte de varios días lo que implica que nos vamos a mojar un montón, nos vamos a golpear y, sin cuidados y capitán experimentado, puede ser riesgoso. Entonces hay que encontrar un equilibrio entre todo eso para desarrollar tu labor de la mejor manera”.

Por último, invitó a todos los interesados en esta rama de la veterinaria a acercarse para comenzar a abrir su camino profesional. “El voluntariado y la búsqueda de pasantías, trabajando con personas que están en el tema e instaladas, te permite estar en el contexto, entenderlo y te surgen preguntas e inquietudes para desarrollar hacia adelante. Eso se debe acompañar con la formación académica y, por suerte, actualmente existen muchas más oportunidades de formación formal que no existían cuando yo estudiaba”.

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